Distinción por género limita a científicas venezolanas en industrias y academias

Para 2050, la población femenina en Venezuela superará a la masculina por 0,27%, según proyecciones del Instituto Nacional de Estadística. ¿Cuántas de esas 20.305.263 mujeres se dedicarán a la ciencia y tecnología? Quizás pocas, si se considera que solo 29% de quienes trabajan en esos campos a nivel mundial son investigadoras, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

“Estadísticamente podemos ser más, pero los cargos más importantes los siguen teniendo los hombres a pesar del número tan grande de egresadas o capacitadas. Y cuando obtenemos puestos de relevancia, a veces somos irrespetadas por el hecho de ser mujer”, explicó la socióloga María Victoria Canino, jefa del Laboratorio de Ecología Política del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic).

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Aunque parezca cosa del pasado, la discriminación por género persiste en algunos países, reduciendo las oportunidades de las mujeres a conseguir los escalafones más altos, bien sea en la academia o la industria.

Una decena de artículos de investigación científica de índole cualitativa y cuantitativa, la mayoría elaborados durante el período 1998-2008, fueron compilados por Canino y Hebe Vessuri (investigadora emérita del Ivic) en el libro La otra: el mismo, mujeres en la ciencia y tecnología en Venezuela, editado recientemente por la Fundación Editorial El perro y la rana como parte de la serie DeConstruir de la colección DeGéneros.

En la obra, se exponen diversos estudios de caso acerca del papel de las mujeres en ámbitos públicos y privados de sectores como la enfermería, ingeniería, industrias del agua y plástico, redes de innovación productiva y cooperativas. Además de presentar una revisión histórica, el libro también aborda el estado actual y las perspectivas del tema de la equidad de género en el país.

“Las luchas por la paridad de género llevan implícito un imperativo ético-político para estos tiempos de cambios civilizatorios: somos iguales porque somos diferentes. Esa igualdad en la diferencia es lo que entendemos como equidad”, aseguró Canino en el prólogo.

Dualidad aparente

El título del texto apunta precisamente a esa dirección. La frase fue tomada del poemario de Jorge Luis Borges, El otro, el mismo, donde el escritor entabla un diálogo ficticio y temporalmente imposible con su interlocutor (fallecido para entonces), pero deja abierta la posibilidad de un reencuentro cuando él muera, pues “se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos”.

La experta del Centro de Estudios de la Ciencia del Ivic, María Victoria Canino, indicó que se estableció una analogía entre la dicotomía borgiana “tú-yo” y la relación “mujer-hombre”, que en definitiva son irreales.

“En la ciencia el aporte se desdibuja porque es una práctica que utiliza un solo método (el científico). Entonces, no debería haber esa separación porque ambos, hombres y mujeres, contribuimos por igual con el mismo proceso”, insistió.

Con el sexo se nace, pero el género se forma a lo largo del tiempo, es decir, es una construcción social. Para Canino, los artículos científicos recopilados en este libro, “al partir de una postura solidaria con el feminismo, atienden la visión de género y equidad en la sociedad. El género tiene que ver con el sexo, pero incluye una diversidad sexual mucho más amplia”, dijo.

Evidencia de esa subvaloración del género hecha en colectivo, es la opinión del filósofo griego Aristóteles, quien llegó a afirmar que las mujeres eran intelectualmente inferiores a los hombres y no cumplían un rol creativo en la creación de la vida.

Para Hebe Vessuri, la construcción del género se originó como resultado de “la exclusión de las mujeres, de lo que se etiqueta como femenino, y simultáneamente, de los significados alternativos de poder o influencia que ese conocimiento pudiera haber generado”, señaló la autora en el texto.

La investigadora del Ivic aseguró que la invisibilidad de las mujeres no es algo reciente, siempre ha existido, solo que ahora se habla de ello y es un tema de estudio interdisciplinario.

A finales de la década de 1990 y principios de 2000 se creó la línea de investigación sobre ciencia, género y tecnología en el país por solicitud de la Unesco, en la cual participaron Argentina, Colombia, México, Costa Rica, Venezuela, Brasil, Chile y España. La otra: el mismo, mujeres en la ciencia y tecnología en Venezuela incluye buena parte de esos hallazgos.

“Hoy en día el problema no es tanto la presencia o reservorio disponible de mujeres (…) sino su estatus y recompensas relativas, así como las oportunidades e incentivos reales de carrera”, acotó Vessuri en la obra.

Cifras del Instituto de Estadística de la Unesco revelan que en todas las regiones del mundo las mujeres están subrepresentadas en investigación y desarrollo. En América Latina y el Caribe, solo uno de cada cinco países ha alcanzado la paridad de género, pues el número de investigadoras oscila entre 45% y 55%.

Según María Victoria Canino, se requiere con urgencia la formulación de políticas públicas de discriminación positiva o acción afirmativa “que ayuden a minimizar la desigualdad. La construcción social de las subjetividades en torno a la mujer y al hombre son un asunto público y político donde el Estado debería incidir”, informó.

En el fondo, ¿desean las mujeres ser iguales a los hombres? De acuerdo con Canino, la mujer no ha sido formada para ser combativa y defender sus derechos; por el contrario, ha sido moldeada socialmente para la pasividad y el determinismo asociado a la maternidad y los cuidados del hogar.

Dichas subjetividades creadas alrededor de ellas y ellos “son burguesas, patriarcales e injustas. Hay que dejar de ser esencialistas, desmitificar el tema de género y ponerlo en perspectiva social. Antes que hombres y mujeres, somos seres humanos”, precisó la socióloga del Ivic.

El libro incluye aportes de las sociólogas Rosa Bolívar, Ana Castellanos y María Alejandra Aray y está disponible para consulta y descarga en la página web www.elperroylarana.gob.ve.

Fotos: Edgar Jiménez

   

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