Zulia, hogar de nueva especie extinta de perezoso gigante

El cráneo casi completo y fragmentos del esqueleto de un perezoso gigante de la familia Megalonychidae, descubiertos en 1997 por una expedición científica a Cerro Pintado, en la Sierra de Perijá estado Zulia, corresponden a un nuevo género y especie para la ciencia: Megistonyx oreobios, el cual vivió durante el Pleistoceno tardío hace 14.150 años antes del presente.

Megistonyx oreobios significa “la mayor garra que habitó las grandes montañas”, haciendo referencia a la característica distintiva de los mamíferos megaloníquidos del orden Pilosa, dotados de uñas largas y afiladas en forma de garfio.

En la investigación participaron el geólogo del Servicio Nacional de Parques de los Estados Unidos, H. Gregory McDonald; el paleontólogo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Ascanio Rincón; y el profesor de Biología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Tennessee de Chattanooga, en Estados Unidos, Timothy J. Gaudin.

Fragmento del cráneo

La edad de los fósiles fue calculada por métodos radiométricos mediante la desintegración del isótopo carbono 14. Se concluyó que el herbívoro terrestre encontrado en la Cueva de los Huesos por los representantes del Museo de Biología de la Universidad del Zulia existió cerca del final de la Glaciación Mérida, nombre con el cual se conoce el episodio glacial del Pleistoceno tardío ocurrido en los Andes venezolanos (estados Mérida, Táchira y Trujillo) entre 2.600 y 3.500 metros de altura, y que finalizó hace 17.000 y 14.000 años antes del presente.

Dicha información coincide con las estimaciones hechas en 1974 por el geólogo alemán Carlos Schubert, quien en vida se desempeñara como investigador del Centro de Ecología del Ivic. “Cerro Pintado, en la última Edad del Hielo, estuvo cubierto por glaciares y el perezoso vivió cuando había hielo, siendo uno de los animales que ha subsistido a tan elevadas alturas en el planeta. El perezoso poblaba el mundo cuando este comenzó a transformarse en un ambiente más cálido y húmedo; en plena glaciación era frío y seco” explicó Rincón, coautor del estudio y jefe del Laboratorio de Paleontología del Ivic donde se analizaron las muestras.

Bajo cero

A mayor altura la temperatura disminuye drásticamente, por lo que el perezoso debió adaptarse a condiciones climáticas extremas. Las especies actuales tienen un metabolismo basal bajo y son térmicamente sensibles, al punto de considerar esa susceptibilidad al calor como una posible causa de extinción.

De hecho, el estudio internacional comprueba que los perezosos gigantes del Megistonyx no solo eran más diversos ecológica, morfológica y taxonómicamente, sino en términos fisiológicos, siendo algunas especies capaces de soportar períodos prolongados de clima frío. Asimismo, muestra la aparente destreza de estos animales para trepar terrenos rocosos alpinos.

La fauna asociada a la cueva incluye al extinto chigüire Neochoerus, el venado Mazama y el pecarí Tayassu, probablemente de la misma edad del perezoso. Particularmente el chigüire no había sido reportado en áreas montañosas, solo en sabanas de tierras bajas, lo que sugiere que Cerro Pintado pudiera haber experimentado el proceso de desglaciación antes de lo que la cronología actual propone y que las temperaturas estacionales eran más calurosos.

“Esa corriente de agua sobre la superficie de Cerro Pintado hizo que las cuevas situadas en la cima se perforaran, afectando la vida de los animales que usaban esos espacios como protección contra los depredadores y el frío intenso y como refugio para buscar agua. Por lo general, los perezosos de esa talla y peso se consiguen en sabanas abiertas pues a esas alturas no hay árboles tan altos” informó Rincón.

Cerro Pintado es actualmente una meseta donde predomina la roca sedimentaria caliza (formada por carbonato de calcio) con 90 millones de años de antigüedad aproximadamente. “Es como ver un tepuy pero de caliza” dijo.

La travesía continúa

Ascanio Rincón, paleontólogo del IVIC

Los restos del perezoso gigante pertenecen a un individuo adulto hembra con muchas patologías óseas. La parte posterior del paladar (fosa pterigoides) tiene un engrosamiento consistente con un ataque bacteriano. “La cresta sagital derecha (donde se insertan los músculos que permiten el movimiento de la mandíbula) presenta una muesca, es decir, hubo un golpe fuerte que fracturó el hueso y lo unió de manera imperfecta” enumeró Rincón.

Aunque los Megistonyx son originarios del norte de América del Sur, recientes análisis filogenéticos demuestran su parentesco con Ahytherium y Australonyx, hallados en cuevas inundadas en Brasil.

“Cuando se formó el istmo de Panamá -que conecta a Centroamérica con Suramérica- los perezosos migraron a Norteamérica. Es interesante saber que este grupo posee una proximidad biogeográfica con el taxón Pliometanastes, los megaloníquidos que cruzaron por primera vez ese paso de tierra. Probablemente, los primeros inmigrantes al norte del continente los tengamos nosotros en Venezuela. Estamos en la puerta del gran intercambio biótico de las Américas” aseguró Ascanio Rincón.

Los resultados fueron publicados recientemente en el Volumen 33 Número 5 de la Journal of Vertebrate Paleontology, órgano oficial de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados, con sede en los Estados Unidos.

Más de 15 años transcurrieron entre el hallazgo de los fósiles y su identificación, pero la misión no ha terminado. “Nuestra intención es regresar a Cerro Pintado porque estamos completamente seguros de que el cuerpo faltante del perezoso siguen allá; solo pudimos recolectar parte de los brazos y algunas vértebras y costillas. Además, queremos indagar cómo era la ecología de estos animales. Lo único que necesitamos para hacerlo es apoyo financiero y logístico, porque el acceso a la zona -frontera con Colombia- es sumamente complejo” insistió Rincón.

   

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